EL SUICIDIO EN LA VEJEZ

La soledad, principal causa de los suicidios en la población de la tercera edad

“La mayoría de las personas de tercera edad que intentan suicidarse lo consiguen”. Así de tajante es Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS) en relación a las últimas cifras sobre el suicidio en España. El cómputo global de suicidios establece que hubo 3.569 en 2016, según los últimos datos del INE, que publica estos datos cada dos años. Analizando las cifras, aunque el mayor número de suicidios se produce entre la población de 40 a 59 años, la tasa más elevada por rango de población corresponde a las personas de edad más avanzada. Es decir, hay mayor número de fallecimientos en comparación con el total de población con más de 70 años. (Ver gráficos).

En ocasiones los datos son tan claros que se vuelven transparentes y cae en el olvido la necesidad de pensar que detrás de cada cifra hay una persona, una historia, una vida. Los mayores de 70 años son rápidos a la hora de planear un suicidio: «Casi nunca dan señales, lo ocultan hasta el último momento; lo único por lo que se puede prever suele ser la preparación de ciertos documentos como los de sepultura o herencia para cuando lleguen a consumarlo», apunta Jiménez, que además de presidente de AIPIS es psicólogo clínico.

El suicidio se procesa pasando por tres fases: la ideación, el intento y la consumación. La mente de la persona que piensa suicidarse está invadida por dos pensamientos que no se corresponden con la realidad, según Jiménez. Uno de ellos es la idea de que siempre van a seguir padeciendo el dolor que en ese momento les aflige, a lo que se suma la sensación de tranquilidad que ellos piensan que tendrán sus seres queridos, que pasarán a ser denominados como supervivientes, una vez que se consume el propósito inicial.

onas de tercera edad que intentan suicidarse lo consiguen”. Así de tajante es Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS) en relación a las últimas cifras sobre el suicidio en España. El cómputo global de suicidios establece que hubo 3.569 en 2016, según los últimos datos del INE, que publica estos datos cada dos años. Analizando las cifras, aunque el mayor número de suicidios se produce entre la población de 40 a 59 años, la tasa más elevada por rango de población corresponde a las personas de edad más avanzada. Es decir, hay mayor número de fallecimientos en comparación con el total de población con más de 70 años. (Ver gráficos).

En ocasiones los datos son tan claros que se vuelven transparentes y cae en el olvido la necesidad de pensar que detrás de cada cifra hay una persona, una historia, una vida. Los mayores de 70 años son rápidos a la hora de planear un suicidio: «Casi nunca dan señales, lo ocultan hasta el último momento; lo único por lo que se puede prever suele ser la preparación de ciertos documentos como los de sepultura o herencia para cuando lleguen a consumarlo», apunta Jiménez, que además de presidente de AIPIS es psicólogo clínico.

El suicidio se procesa pasando por tres fases: la ideación, el intento y la consumación. La mente de la persona que piensa suicidarse está invadida por dos pensamientos que no se corresponden con la realidad, según Jiménez. Uno de ellos es la idea de que siempre van a seguir padeciendo el dolor que en ese momento les aflige, a lo que se suma la sensación de tranquilidad que ellos piensan que tendrán sus seres queridos, que pasarán a ser denominados como supervivientes, una vez que se consume el propósito inicial.

Las características propias de la tercera edad

Este profesional encuentra respuesta al porqué la tercera edad es el rango que mayor tasa de suicidios tiene: «Son mucho más letales, con mayor planificación y menor posibilidad de rescate, además de ser un intento muy silente (lo oculta y nadie lo ve antes de que ocurra)», declara Anseán. A su vez, este licenciado en Psicología incide en características propias de las personas con edades elevadas, como las enfermedades graves o los diagnósticos complicados, además de sumarse el hecho de que a esa edad es más probable que se haya perdido la pareja con la que se ha compartido la mayor parte de la vida.

El denominador común de las causas es la soledad, tal y como se atreve a aventurar el presidente de la FSME, independientemente del dinero que tengan o la salud que disfruten. Pero, a su vez, también recalca que «aunque es lo común no suele ser un motivo suficiente».

Por su parte, Navas se vale de su contacto directo con las personas con ideación suicida para afirmar que algunos motivos específicos de las edades más avanzadas son la dificultad de entendimiento entre ellos y la gente que los rodea, no poder salir a la calle o tener que hacerlo en sillas de ruedas o pasar días sin hablar con nadie ni tener ningún contacto con el exterior al haber dejado de recibir cartas o el periódico.

Abuso del tratamiento con medicamentos

Una de las mayores críticas vertidas sobre el sistema sanitario por parte de las entidades profesionales es que se abusa de tratamientos con fármacos, en lugar de utilizar los medicamentos a la par que las terapias psicológicas. Esta posición es compartida tanto por Jiménez como por Anseán: «En las facultades de Psicología no te enseñan cómo tratar la conducta suicida, y en la rama de Psiquiatría es un error el enfoque que le dan si piensan que con fármacos van a quitar la ideación suicida», sentencia el primero de ellos. Por su lado, el segundo añade que “faltan programas específicos, protocolos de abordaje y detección; muchas cosas que se podrían hacer para mejorar y que van más allá del psicofármaco”, dinámicas que podrían evitar la “psiquiatrización de la vida cotidiana” .

Otro de los problemas que se plantean para atender a la población en riesgo de suicidio es la escasa formación al respecto que tienen los profesionales de los centros sanitarios. «La conducta suicida no se aborda de manera rutinaria. Al igual que poco a poco se han ido introduciendo preguntas de violencia machista en los controles de atención primaria, no hay ninguna sobre ideación suicida», denuncia Anseán. Otra vez son las cifras las que arrojan luz sobre la realidad: un 18% de los suicidas habían ido al médico el mismo día en el que lo consumaron, según un estudio internacional realizado por el especialista Jason Luoma en 2002 en el que se recogían los resultados de 17 países.

Consecuencias en los sobrevivientes

El suicidio de alguien tiene graves consecuencias en las personas de alrededor, lo que lleva al duelo; una fase compleja de superar. Tan difícil que los sobrevivientes, a su vez, se convierten en personas de alto riesgo. Al ser superviviente, la primera reacción es culpar a la víctima describiéndola como egoísta. Un hecho que poco a poco va se metamorfoseando hacia la aceptación y la comprensión, tal y como lo describe Elena Aisa en Besarkada-Abrazo ante el suicidio de su hijo: “(…) me surgió una espiral de autodestrucción psicológica emocional absoluta. Poco a poco, muy poco a poco —continúa la superviviente—, fui desarrollando la claridad psicológica para decidir salir de allí”.

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